miércoles, 29 de septiembre de 2010

Interminable Oscuridad

Este escrito está inspirado en mi mayor temor, la oscuridad y lo que en ella se esconde.
Dedicado a todos los seres que me rodean cada vez que apago la luz…

Estaba sola, pero esa horrible sensación de fantasmal compañía me inundaba con cada paso que daba hacia el umbral agrietado de la puerta.
¿Hacía cuantos años que no visitaba aquel lugar plagado de recuerdos?, ¿Acaso había dejado atrás una parte de mi ser al abandonar la casa que por tantos años fue mi hogar?
Ya no me importaba encontrar respuestas a esas interrogantes, ahora el mayor de mis temores estaba frente a mí.
Podía desistir y correr hasta más no poder, lejos de ese contorno oscuro en el que alguna vez viví, pero un sentimiento extraño me embargaba, necesitaba vencer el estupor de verme reflejada en esas antiguas ventanas, necesitaba controlar el escalofrío que subía por mi espalda cada vez que pensaba en regresar.
El contacto frío de la manija me hizo volver a la realidad, a vivir el momento.
Giré la perilla y el chirrido prolongado que se extendió por los jardines me erizó cada bello sobre la piel.
Todo estaba oscuro allí adentro, era como si los escasos rayos de sol que se escapaban rebeldes entre las nubes, se resistieran a entrar por las ventanas.
Al fondo, esa horrible escalera me daba la bienvenida, igual como mis tormentosos recuerdos la traían a mi mente, igual de vieja, tenebrosa y lúgubre.
Quise detener el impulso de mis pies, pero era demasiado tarde, ya estaba dentro.
Cerré la puerta tras de mí, sabía que no había vuelta atrás.
La oscuridad comenzó a envolverme, las sombras emprendieron su viaje, trepando por mis piernas y la desesperación nubló mi mente.
Un gritó de terror se escapó de mi garganta y despertó mis sentidos, a tientas en la oscuridad ansié palpar algún interruptor, pero ya todo daba igual, por más que me negara a creerlo estaba otra vez atrapada en esa pesadilla, la historia comenzaba a repetirse.

Cerré los ojos lo más fuerte que pude y me acurruqué en el suelo, mis manos rodeaban mi torso y lo oprimían con fuerza, la única esperanza que me quedaba en la cabeza, era despertar, anhelaba que todo fuera un sueño, una pesadilla, la peor de todas, pero al fin y al cabo irreal.

Un ruido seco me hizo abrir los ojos y con horror comprobé que seguía tirada en el suelo, con los músculos entumecidos y al borde del llanto.
Pude distinguir que al final de la sala de estar, por una de las ventanas, se filtraba luz.
Sí, Luz, mi salvación, mi bendición.
Me levanté tan rápido como pude, algo mareada, con la mirada perdida y avancé hacia el único lugar iluminado de la morada. Todo estaba igual, pero vacío, las marcas del piano seguían en la mohosa alfombra bajo mis pies y todo mueble, libro o adorno había desaparecido.

Quería sosegar los latidos de mi corazón, temía que los escuchara mi mayor temor y supiera que había vuelto, temía que su espíritu quisiera más de lo que ya me había quitado.
Por más que me esmeraba, no me tranquilizaba, mientras más pensaba en detenerlos, más los escuchaba, más rápidos eran, parecía que hasta mi pecho se levantaba.
Me senté bajo la ventana, rodeada de la poca luz que el sol irradiaba, cuando de pronto, todo se oscureció otra vez y su silueta apareció ante mí, quería gritar hasta morir, pero ningún sonido salía de mis temblorosos labios.
El aire se hizo tan pesado que no podía respirar, el frío espectral de su presencia llegaba hasta mí y antes de caer desmayada pude suplicar:
Regalé toda mi vida para no verte nunca más.

Otro extraño

Es brutal releer algunos textos y percibir en ellos, sentimientos tan potentes como la ira o la tristeza impresos entre sus letras, recordando tan sólo en un par de párrafos, momentos que creías haber sepultado.
Sólo decir que este escrito está dedicado a un alguien que formó parte de un pasado que opté por no olvidar jamás, pero que con el correr de los días logré perdonar y dejar atrás:

Que extraño es volver a encontrar esos ojos frente a los míos.. y descubrir casi sin pesar que ya no los necesito.

Esa desconocida sensación de completa indiferencia me choca, jamás pensé llegar a olvidarte, mas ahora se me hace imposible extrañarte. Tu nombre me suena a lejanía, y tus manos se ven tan vacías…
Mientras las horas se agolpan entre el reloj y mi habitación, me pregunto ¿Qué hacer cuando ya se acabó el amor? ¿En qué ocupar ese ocio tan tedioso, en el que antes me regocijaba dibujando tu rostro?
Te juro que casi lo siento… pues tras tu partida se fue mi inspiración, ¿A quién iba a dedicarle ahora todas esas palabras sin dueño, lanzadas sin querer a los cuatro vientos?
Pero pronto descubrí que no todo es amor en las poesías y que mi lápiz no requiere de ti, supuesta musa inspiradora, para escribir aquellas historias que tanto anhelo redactar y esos versos complicados que a veces me cuesta tanto tildar…
Por fin comprendí que no iré junto a ti a visitar ese país del que tanto hablamos y al que siempre deseé asistir.
A ver si leyendo esto logras superar, que al país de nunca jamás… no llegarás ni conmigo, ni con nadie más!

Publicado por primera vez: 19 de Noviembre, 2008

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Brazos de sol



Tomo sus manos como escenario para existir.

Brazos de sol, Silvio Rodriguez

Entre tu piel y mi alma

¿Hace cuánto tiempo no sentía que el perder un segundo entre dos corazones era pecado capital?
Y es que hoy siento que a tu lado los instantes debieran ser eternos y me tortura el saber que todo puede terminar.
Mas no quiero pensar en finales cuando recién comienzo a profundizarte, cuando recién comenzamos este peregrinar, cuando hace solo pocas lunas descubrí que confío en ti más de lo que alguna vez llegarás a imaginar.

Sebastián ¿Hace cuánto tiempo no ponía un nombre en una carta?

Sebastián ¿Hace cuánto decidiste que querías viajar junto a mí?
¿Desde cuándo me importa lo que un corazón ajeno pueda sentir?

Y más que todo te alejas sin mirar lo que dejas detrás, una niña que hace mucho tiempo había olvidado lo que era amar.
Y más que nada me miras sin saber lo que llegas a provocar, porque esa niña al fin ha comenzado a recordar.

Sebastián, si supieras lo que le cuesta a un amor golpeado dejarse conquistar, entenderías por que a veces soy fría e indiferente, pero es todo menos tu deber develar razones que hace mucho tiempo escondí entre mis cajones.

Sebastián, tengo claro que entre tu piel y mi alma muchas cosas se deslizarán y no podría estar más segura de que eres tú con quien quiero caminar.