
Estas cartas siempre me recordarán,
lo valioso que fue haberte amado de verdad:
25-diciembre-2010
Y recuerdo que un día decidí cerrar mi puerta con cerrojos y pestillos sólo para que nadie pudiera entrar.
Jamás quise tener algo que tuviera miedo de perder,
Y recuerdo haberme jurado desechar todo aquello que pudiera irse o desaparecer.
Me prohibí bajo pena de brutal condena volver a sentir intensamente,
Y me quedé durante mucho tiempo acurrucada en un pastizal seguro, en donde nada podía herirme, en donde nadie podía tocarme y por mucho tiempo creí que en esa cómoda seguridad encontraría la felicidad.
Te juro Sebastián, que nunca me encontré a mi misma pidiendo algo por lo cual fuera capaz de abandonar las cosas que jamás daría, algo que temiera perder más que a la vida misma.
Y no sabes todas las reglas que establecí para retroceder cuando estuviera llegando a ese punto prohibido, en donde ya no importa si vas a cruzar o caer, para no llegar a ese punto en donde no importa nada, da lo mismo ganar o perder.
Pero algo pasó en el camino Sebastián, que tocaste la puerta y yo destrabé los seguros, que entraste en mi pastizal oculto y me di cuenta que sin ti se volvía aburrido y mudo.
Y es que jamás quise tener algo que no pudiera soportar perder pero no me daba cuenta que me estaba negando a querer.
Jamás quise tener algo que me hiciera temer la muerte, pero no me daba cuenta que sólo así apreciamos el día a día, sólo así atesoramos cada momento que nos regala la vida.
Sin miedos no hay certezas, sin pérdidas no hay recompensas, y sin cariño perdemos el camino y ya nada nos hace sentido.
Gracias, porque me hiciste salir de ese pastizal tan aburridamente seguro, para mostrarme lugares secretos y cielos profundos.
Gracias, porque ahora sé que para sonreír de verdad hay que cambiar seguridad por felicidad y que para poder amar hay que atreverse a saltar sin pensar.
Sólo gracias Sebastián, por ser ese algo que temo perder, sólo gracias Sebastián, por ser ese algo que amo querer.
Y aunque hiciste que olvidara todas mis antiguas reglas para crear unas que fueran nuestras, y aunque me hayas hecho temer a la muerte por miedo a no volver a verte, hoy sólo puedo agradecerte porque nunca tuve un regalo que me hiciera tan feliz un 25 de diciembre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario