lunes, 5 de julio de 2010

Distintos caminos, el mismo destino




Hoy, a tres años de esta carta, sólo queda sonreír al ver que todas las promesas eran ciertas, que todos los pronósticos se cumplieron y que, a pesar de la lejanía y el tiempo, seguimos y seguiremos siendo las amigas que hace más de doce años prometieron un por siempre, un te quiero...


Tal vez, este escrito no sea una gran obra maestra, digna de elogios y reconocimientos, sin embargo es el texto en el cual he derramado mis más profundos y sinceros sentimientos, por ustedes, mis amigas, mi cuarteto…

Aún recuerdo ese día, en el que al entrar por la puerta me encontré con tres pequeñas niñas, que con el correr de los años se transformarían en mis eternas, y más grandes amigas.
Con tan solo cinco años, consolidamos algo que soportaría peleas, insultos, olvidos, gritos y rencores.
Contra todas las opiniones dañinas, mezquinas y cargadas de celos, soportamos diez años de críticas contra nuestro “grupito” y ahora, con toda una década de amistad, se presenta lo que hasta el momento es nuestro más grande problema.
Quiero decirles que tal vez, aunque la decisión ya esté tomada y nuestros caminos parezcan dividirse abruptamente, en mi corazón siempre habrá un lugar para ustedes, porque aunque tal vez no estemos cada mañana en la misma sala, cada recreo deambulando juntas por los fríos pasillos y no vistamos el mismo uniforme, hay algo mucho más fuerte que nos une, que va más allá de un solo recinto, de agruparnos sobre un mismo nombre, o los mismos grises y deprimentes muros. Es algo extraño, hermoso y a la vez peligroso, eso que simplemente llamamos amistad.
Cada noche cierro los ojos e intento convencerme de que soportaremos esta prueba y que seguiremos unidas hasta el final. Convencerme de que cada vez que decíamos “amigas por siempre” era enserio, no solo una frase sin emoción, ni sentimientos.
Veo esto como una oportunidad, de fortalecer aún más este vínculo, de probar que nuestra amistad no es vana ni superficial como todos dicen y si fueron verdad todas las palabras de afecto lanzadas al viento, entonces sé que juntas soportaremos y que sacaremos adelante una amistad divida por las vueltas de la vida.
Sé que me voy, que me marcho del lugar que por tantos años fue nuestra segunda “casa”, pero si lo pienso, eso no es del todo cierto. Abandono el sitio en donde nos conocimos, el que dio forma a nuestro grupo, pero jamás dejaré atrás los recuerdos y felices momentos que en él acontecieron.
Este texto, está dedicado a tres personas que marcaron mi vida y que lo seguirán haciendo, a las amigas más grandes que dios puso en mi camino, al grupo que me vio crecer, llorar, reír y amar, a ese trío que sigo y seguiré queriendo, sin importar que tan potente y fuerte sople el viento…


“La amistad es como el mar, se ve el principio pero no el final”

No hay comentarios:

Publicar un comentario