Hace algunos meses decidí releer muchos cuentos antiguos que creía perdidos y olvidados y como siempre, un nuevo escrito fue el resultado:
Volver atrás y leer los escritos que alguna vez nacieron de extraños sentimientos es quizas demaciado dificil, pero una vez que has encontrado el valor para abrirlos nuevamente, agradeces que la extraña y algo masoquista ocurrencia viniera a tu cabeza.
Este escrito era especial en tantas y diversas formas, que no sabía cuán peligroso podría ser sacarlo de aquel baúl oxidado donde lo había desterrado. Tenía miedo, terror de que una vez liberado, encarcelara mi alma con sus antiguas palabras, que me llevara hacia antiguos recuerdos que daba por muertos, o peor aún, que implantara en mi mente la imagen del hombre a quien regalé tantas letras, tantos cuentos, tanto tiempo, tantos momentos.
Creía que leer a la enamorada Catalina, gritando un amor con tanta sinceridad, un amor que desde que este hombre se fuera nunca más volvería a experimentar, sembraría en mi una pequeña pero fértil semilla, un embrión que poco a poco crecería en mi interior hasta ganar otra vez un espacio en mi corazón.
Por que... ¿Hace cuánto tiempo que no conseguía desvelarme por las noches divagando? ¿Hace cuánto tiempo que no me quedaba sin aire al pensar en un "alguien"? ¿Cuántos meses, quizás años, llevaba buscando una sombra de lo que fue mi antigua inspiración? ¿Cuántas veces intenté comenzar un cuento nuevo, para descubrir con incredulidad que todos mis vocablos estaban secos?
Abrirle la puerta al amor apasionado de una niña que acababa de cumplir los quince años nunca sonó peor que aquel día.
Pero afortunadamente descubrí que hace mucho tiempo que esa niña no existía y los días que se colaron entre sus labios no fueron en vano.
Afortunadamente descubrí que el amor que alguna vez sentí no solo había muerto hace mucho tiempo, si no que de alguna forma lo habían cremado... y recordé entonces que fue él mismo quien lo había incendiado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario