viernes, 16 de diciembre de 2011

Fría Madrugada


El alba se despertó congelada, tan fría, tan helada que ni los pájaros más trovadores cantaban.
Unos pies entumecidos buscaban el calor que sólo una piel emitía, un calor que sólo esos dedos reconocían, mientras paralelamente, un cuerpo inexistente parecía soñar entre las sábanas.

- ¿Qué voy a hacer cuando te vayas?
- ¿Pretendo irme a algún lado?
- Lejos…
- ¿Ah sí? ¿Lejos de ti?
- …
- Lejos contigo querrás decir.

Los rayos del sol intentaban colarse entre las persianas, pero como todo en aquella madrugada, su esfuerzo era demasiado débil, demasiado frágil como para siquiera traspasar el vidrio de la ventana.
Los segundos se agolpaban bajo su almohada, los minutos corrían, se entrelazaban;  veía las horas pasar desde su cama.

Tanto tiempo anheló partir, escapar lejos de allí, tantos días quiso dejar todo atrás, correr y no voltearse a mirar, sin embargo en un vuelco la vida le enseñó que no todo era libertad y que hay veces en que no te das cuenta y ya estás saltando a un precipicio sin pensar.  

-Siempre he dicho que un te amo vale mil veces más que un “yo igual”
-¿Y que sabes tu de amar?
- …
- ¡Era broma!
- Si yo tampoco estaba hablando enserio…
- ¡Para de mentir descaradamente!
- ¿Ahora sólo tú te puedes burlar de los demás?
- ¿Ahora era burla lo del “te amo” y el “yo igual”?

Una madrugada tan parecida lo vio partir, que le era imposible cerrar los ojos sin retratarse en su mirada, sin recordar como su imagen se fugaba mientras las puertas del metro se cerraban.
Tan solo tuvo que ver en sus ojos cansados su rostro plasmado para descubrir ese adiós arduamente escondido, para desenmascarar esa huida torpemente disimulada.
En las fugas no hay despedidas, en las fugas no hay cortesías, en las fugas no queda nada, pues atrás nada dejan aquellos que escapan.

- ¿Aaaaló?
- ¿Andrés, eres tu?
- …
- ¿Aló, hola?
- …

Innumerables  meses habían pasado desde ese último encuentro en medio del calor sofocante de la estación de metro, mas aún así seguía colándose en sus pensamientos; jamás había soñado con él, aparentemente su imaginación ya tenía suficiente con evocarlo estando en pié; jamás lo había vuelto a ver, aparentemente Andrés había tenido suficiente con despertar cada mañana con su rostro frente al de él.

- ¿Aló?
- ¡Andrés!
- No, Sofía.
- ¿Sofía?
- Sofía. ¿Quién es?
- Isabel…
- ¿Isabel quién?
- Isabel.

¿Por qué la dejó sin ninguna explicación? ¿Por qué se fue sin siquiera decir adiós? Tantas preguntas, tantos problemas sin solución, tantas mañanas sin sentir su calor, tantas noches extrañando su sabor.

- ¿Aló?
- Hola… ¿Hablo con Sofía?
- …
- Sofía yo…
- Sabes que si sigues llamando voy a tener que hablar con la compañía.
- Yo no…
- Me gustaría poder decirte que lo volverás a ver Isabel, pero me enseñaron cuando chica que no tenía que decir mentiras.
- Es…
- Lo siento mucho, pero no puedo ayudarte. Por tu bien y el de todos deja de llamar. No vas a encontrar a Andrés acá Isabel, ni acá ni en ningún otro lugar.
- …
- Hasta luego y no vuelvas a llamar. 

El frío era tal esa mañana, que toda la atmósfera le parecía petrificada, ¿Cómo habría de respirar si la humedad yacía seca, solidificada?
Y su piel lo buscaba incesantemente en esa cama vacante, en un lado de la cama que sabía, nunca más debería soportar el peso de su antiguo ocupante.
Y sus manos tiritaban entre sus delgadas piernas, mientras anhelaban entrelazarse en la calidez de otras más fuertes, más grandes, infinitamente más seguras y firmes.
Convocar a gritos a un hombre que jamás respondería no dolía tanto como repetir un nombre que había perdido su sentido en este mundo, su propósito en la vida, su razón de existencia.

- ¡Isabel, te amo más que a la vida misma!
- La vida nunca ha tenido un valor en sí misma… Pero de todas maneras, yo también te amo.
- Pero si no tiene valor para ti la vida amor, entonces no es muy difícil que también me ames.
- Ya… Andrés, era una broma filosófica…
- No entiendo porqué tienes que bromear, si lo que te estoy diciendo es de verdad…
- Yo también te lo estoy diciendo de verdad Andrés. Pero no entiendo cuál es la idea de ponerse tan graves y tomárselo todo tan enserio.
- Porque para mí este amor es  algo serio…
- Ya, pero no hay necesidad de que te pongas serio.
- Perfecto Isabel, pero quizás algún día vamos a querer escuchar y decir te amo más que a la vida misma y no tendremos quien nos escuche, quien nos lo diga. Y por eso prefiero decirte hoy y no mañana, ahora y no después que te amo, te amo Isabel, más que a la vida, aunque para ti la vida no tenga valor en si misma. 
- Yo también te amo pero para decírtelo no tengo necesidad de crear ambientes densos ni pesados.


Esa alborada, como todas las anteriores a ella, Isabel recordaba sus ojos, su mirada. Esa madrugada, como cada amanecer desde que Andrés se marchara, Isabel se desvelada dibujándolo sobre sus sábanas, recordando sus te amo y deseando más que al aire por siempre atesorarlos, no olvidarlos, anhelando retroceder el tiempo y esta vez prestarles atención, escucharlos.
Pero más que todo, quería que le regalaran sólo un minuto en el pasado para responder siquiera un Te Amo, de corazón, sin vergüenzas y sin ocultarle por orgullo que había sido él quien le dio ese valor perdido al correr de sus días, quien compró la vida ante sus ojos sólo para probarle que sí tenía un valor en si misma, para demostrarle lo mucho que la amaba, esperando que ella simple y sencillamente se enamorara.

- ¡Aló!
- ¡Sofía, no cortes, por favor!
- De verdad, esta es mi última advertencia Isabel. Déjanos tranquilos o voy a llamar a la compañía y te van a cancelar las llamadas, incluso con cuenta pagada.
- Necesito algunas respuestas…
- Isabel no te mientas, las respuestas las tuviste hace mucho tiempo, todas ante tus ojos, tu no las quisiste ver, tu tema, tu problema. Deja de molestarnos, porque nada de lo que hagas o digas va a cambiar eso que tanto te atormenta, así que por favor deja de buscarnos y sobre todo deja de llamar. Ya te dije que no vas a encontrar a Andrés acá, no lo vas a encontrar en ningún otro lugar, supera de una vez que no lo vas a ver nunca más.
-…
- Siento ser tan dura pero lo único que has conseguido con tus llamadas es un gran sufrimiento y estoy segura de que esto también te está haciendo sufrir a ti. Yo no sé cuál sea tu problema pero esto pasó hace casi cuatro años y que sigas con el temita, llamando, sabiendo lo que llegas a provocar en los demás ya es demasiado. Esta fue y será la conversación más larga que hemos tenido, porque la próxima vez voy a llamar a la compañía para que te cancelen el teléfono. Quisiera poder ayudarte pero esto no es fácil para nadie. Deja de llamar Isabel y hasta nunca.  


Esa amanecida auguraba ser como todas las otras mañanas, sin novedades, sin movimientos demasiado enérgicos, de la cama a la ventana, de la ventana a la cama. Esa mañana el sol no calentaba, igual que todas las otras madrugadas. Ese día habría sido idéntico a cada uno de los 1460 otros días que se agolparon entre las murallas de su habitación mal iluminada, si Isabel no se hubiera armado de valor para tomar entre sus manos una carta que seguía virgen e inmaculada.

Isabel, amor de mi alma:

¿Cómo obligarte a entender la muerte? ¿Cómo obligarte a perdonar lo que estoy por hacer? ¿Cómo podría amor mío, culparte en este adiós cobarde por mi deseo de abandonarme?
¿Cómo podría Isabel, olvidarme de lo mucho que he llegado a amarte? Si estás leyendo esto, entonces ya no hay vuelta atrás y sé entonces, que aunque leas esto no entenderás porque decidí dejar que no me veas nunca más.
Sé también, que todos los días que llevas sin leer estas palabras, sean muchos o infinitos, te has llenado de culpas que te juro, no son tuyas y me gustaría poder estar ahora contigo y abrazarte, para que no leas sola estas palabras y porque sé que tu también estas deseando abrazarme y te duele saber que entre el cielo y la tierra hay un espacio eternamente grande, que separa mis brazos de tu cuerpo, mis manos de tu largo y tan hermoso pelo.
Me dijiste una vez que la vida no tenía un valor en si misma y hoy ruego que lo hayas dicho de corazón y no por mero juego, por que si la vida no tiene tanto valor, amor, entonces su final tampoco lo tendrá y sólo entonces mi muerte y este adiós no te afectarán. Si estás leyendo esto, entonces no tuve el valor para despedirme de ti cara a cara y te prometo, amor de mi alma que lo siento, no sabes cuánto lo siento. Pero si incluso ahora, escribiéndole a un papel pierdo la voz, no imagino como habría sido mirarte y tratar de explicarte porqué quiero irme, porqué decidí abandonarme, renunciando a ti y a todo lo que alguna vez pudo importarme.
El por qué de esta decisión, no tiene explicación explicable, pero lo más importante es que entiendas Isabel, que no eres tú la razón que me llevó a querer borrar de la tierra todo rastro de mi existencia. Por el contrario, todos estos meses has sido tu quien me alejó de mis antiguas ansias de eliminarme.
Amor mío, un día te dije que te amaba más que a la vida misma y quiero que entiendas que si para mi la vida no fuera de entre todo, lo más valuable, no habría esperado 28 años para suicidarme. Esta, es la primera vez que me atrevo a escribir esa palabra y es que contigo amor, todo en la vida se me hace más fácil.
Perdóname, porque sé que tuviste que vestir el negro que tanto odias para ir a despedirme. Perdóname, porque se que toleraste a mi hermana Sofía sólo para poder por última vez amarme.
Perdóname, porque soy un cobarde.
Amor de mi alma, no llores más culpas que no te pertenecen, amor mío, ruego porque encuentres otro a quien ames y que te ame.
Amor de mi vida, amor de mis días, un día te dije que había que decir hoy y no mañana lo mucho que amamos, lo mucho que a otros necesitamos, por que quizás al otro día no estaremos junto a aquellos que tanto quisimos y deseamos. Por eso te digo hoy, sin importar lo que demoraste en abrir esta carta, sin importar cuántos días hayan pasado desde mi final premeditado, sin que importen las noches que hayas esperado, lo mucho que te amo. Por eso te prometo hoy que te estaré esperando, pero sobre todo que te estaré cuidando.
Como si me sentara tras una ventana polarizada en donde sólo yo puedo verte, mientras el vidrio velado me esconde de tus ojos que siempre fueron tan observadores, tan suspicaces, tan hermosos. Pero ahí estaré Isabel, amándote en la eternidad, mirándote al despertar, abrazándote cuando sientas frío al madrugar. Ahí estaré Amor de mi alma, rezando porque encuentres un amor que envejezca contigo, que te diga te amo y no olvide la importancia de hacerte sentir amada cada uno de tus días, que se tome cada noche dos segundos para pronunciar esas dos palabras, que te susurre hoy y no mañana lo mucho que te anhela, lo mucho que te ama.  

Hasta luego Amor de mi vida,
Esperaré en la eternidad hasta volver a verte,


                                                                                 Andrés Casablanca.  
  

El frío seguía flotando entre sus piernas y rozando sus caderas, pero arriba, entre las persianas, por primera vez Isabel sintió que un par de tenues rayos se colaban por la ventana, mientras las palabras de Andrés resucitaban un corazón que hace exactamente cuatro años no palpitaba. 




“Did I say that I need you?
Did I say that I want you?
If I didn’t I’m a fool you see, no one knows this more than me”

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